En medio de un mundo algo desordenado y confuso siempre hay unas pocas cosas que son claras en todo momento.Una, por ejemplo, es que en las situaciones extremas se revela la verdadera esencia de las personas. De las situaciones extremas surgen aquellos en los que podemos confiar incondicionalmente, y al mismo tiempo, con mucho dolor, vemos caer las máscaras de aquellos en quienes creímos en algún momento.
Las sensaciones se dividen en varias categorías: por un lado la desilusión, el arrepentimiento de haber gastado tiempo y energía en gente que no vale la pena, la sensación de haber sido estafado, el miedo que provoca la traición de alguien de confianza, el miedo a no confiar nunca más.
Por otro lado, como por arte de magia (o quizás no, ya que la vida se equilibra siempre), nos sorprenden aquellos que nunca tuvimos en cuenta, de los que nunca esperamos nada, y que nos hacen saber que siempre hay gente que vale la pena, aunque sean minoría. La mano amiga salvadora siempre está.
Si bien las situaciones extremas negativas no son para nada deseables, cuando miramos hacia atrás a la distancia, podemos apreciar lo mucho que nos hicieron crecer; y lo más importante de todo es que el mundo se reorganiza de acuerdo a una nueva medida comparativa que hace más fácil apreciar la vida en si misma, las cosas buenas que trae, cada respiración. Los problemas cotidianos, superficiales, y demás, ya no tendrán el mismo peso que antes.
La conclusión a todo esto, es que cuando me encuentro en medio de situaciones conflictivas, de las que no me alegra ni interesa formar parte (ya que la moral me parece un invento que debería destruirse, y las puestas en escena me causan tanta gracia como las caras de los protagonistas, tan hipócritas que no pueden ver su propio reflejo al mirarse en un espejo) puedo sobrevivir con una sonrisa y la frente en alto, porque se quien soy, y lo mas importante, se quien es cada uno de ellos.
La vida es muy corta para desperdiciarla creando máscaras, sobre todo cuando el que tenemos en frente no usa los ojos para ver, entonces el esfuerzo será en vano.
Las puertas de la percepción tienen varias formas de abrirse, a veces es una patada en la cabeza, a veces es la experiencia acumulada, a veces simplemente es la sinceridad con uno mismo, a veces se nace con eso, a veces necesitamos un empujoncito extra. Lo cierto es que del camino andado no se vuelve.
Ahora voy a divertirme con todo esto, mientras siga en este mundo que es, como me dijo un amigo una vez, un maldito cementerio de travesuras...
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